Senín asintió con su cabeza y Alora se fue al frente para dirigirle. Como era de esperarse, los pasillos estaban desolados. La recamara de la princesa estaba continúa a la de Alora. Esta vez no hubo anuncios, Alora le indicó que entrara. Encontraron a la princesa sentada tras su escritorio, firmando unos papeles que entregó a Alora cuando esta se acercó a la princesa. Dinorah le dio órdenes de guardarlos en la caja fuerte, para que estuviesen seguros hasta que ella mandara a buscarlos una vez se resolviera la situación en la que se encontraban. Le pidió a Senín que tomara asiento, y este lo hizo inmediatamente luego de que hiciera su reverencia a la princesa.
-Bien, Senín, ¿qué noticias me trae?
Senín de inmediato contestó:
-Lvadi, he escogido la ruta que tomaremos para llegar a Karmiérz. Estuve analizando todos los caminos conocidos y olvidados toda la noche, y el que escogí es el más seguro para usted.
-Confío plenamente en que ha escogido el camino correcto, pero antes, -hizo una pequeña pausa para erguirse en su silla y acomodar un poco su traje ajustado. –Debo hacerle una petición, Senín.
-Usted dirá, Lvadi.
-Necesito que hagamos una sola parada.
Una interrogativa se dibujo en el rostro de Senín, pues no esperaba que la princesa hiciera cambios a la trayectoria que había escogido. El hacer cambios, significaba que debía hacer ajustes al tiempo en que les tomaría llegar a la capital, y dependiendo del lugar a donde ella deseaba ir, cambios en la ruta.
-Veo por su rostro que no esperaba mi petición.
-Discúlpeme, Lvadi. Mi expresión se debe a la sorpresa de un cambio en los planes. Hubiese preferido que me lo hubiera comunicado con anticipación, de esta forma hubiese hecho los cambios pertinentes desde un principio.
-No debo de disculparle nada, Senín. Al contrario, mi decisión fue resiente, pues temo será muy tarde para mí una vez lleguemos a Karmiérz. La única forma de poder atrasar el proceso que ha comenzado en mi alma, es solicitando la ayuda de un Unnfrid. No puede ser cualquier Unnfrid, me temo. Debe ser aquel a quien mi madre escogió para mi educación. No solo me educó en las artes y demás cosas que uno debe conocer como persona. Mi educación fue más allá de una normal, él me enseñó sobre los Oshmdwans, pues tiene vasto conocimiento sobre ellos. En especial, sobre lo que se esconde dentro de los herederos de Itana. Debo visitarle y persuadirle a que nos acompañe, no creo que se niegue, -dijo cambiando su mirada hacia el escritorio.
Volvió su mirada a Senín, y con rostro desolado, continúo:
-Le voy a ser muy sincera, Senín, sin la ayuda de este Unnfrid no le aseguro llegue a Karmiérz. Pase lo que pase, y si la ayuda del Unnfrid no es suficiente para atrasar lo que en mí nace, usted, está en la obligación de detenerlo.
Al decir esto, se escuchó el sonido estruendo de una bandeja y copas caer al suelo. Ambas miradas se tornaron hacia donde el sonido venía, y vieron a Alora pálida con sus manos en el aire donde antes estuviese la bandeja que traía con refrigerios. La orden que la princesa le diese a Senín tocó de sobremanera a Alora, quien no se esperaba escuchar de su señora esas palabras. Dinorah por su parte le dio una dulce mirada a su amiga, seguida por una pequeña sonrisa. Con ella esperaba darle consuelo ante lo inminente y lo que ella conocía debía ser.
Dinorah se tornó hacia Senín, y dijo:
-No se preocupe por Alora, ella no le detendrá, pues al igual que yo ella está preparada para ese momento. Ambas, como usted bien conoce, fuimos educadas en un monasterio bajo la tutela del Unnfrid a quien deseo visitar. Le aseguro, Senín, que de usted no poder llevar a cabo su misión para conmigo, llegado el momento, ella lo hará por usted. Aunque no parezca que pudiera hacerlo, pues para esto también fue educada.
Alora torno su mirada hacia las copas y el vino derramado en el suelo. Se bajo y comenzó a limpiarlo, disgustada un poco con el comentario de su señora. Dinorah tenía razón, ella estaba preparada para hacerlo, pero jamás se imaginó que el momento estuviese tan cerca. Al terminar se puso en pie, y dijo:
-Con su permiso, -y se marchó rápidamente para que no vieran la lágrima que de sus ojos había escapado. Tenía el corazón herido, pues la princesa no solo era su señora, a quien debía su respeto y obediencia, sino también era para ella su amiga y su hermana.
Dinorah se dio cuenta del estado en que se encontraba su amiga, pero debía lidiar con ello luego, en ese momento había cosas más importantes. Volvió su concentración a Senín, y dijo:
-Bńelekoh, ¿conoce el monasterio del cuál le hablo?
-Por supuesto, Lvadi, es el Éwärd. Mi trayectoria pasa al sur de este, a unas veinte millas de distancia.
-Entonces, ¿no hay oposición alguna?
Senín no tenía más remedio que acceder a la petición de la princesa. Tendría que realizar unos cambios en su trayectoria.
-Ninguna, Su Alteza, pero debe tomar en consideración que el viaje será uno largo y pesado. No viajara en su carroza, sino a caballo. Además, para ganar tiempo nos detendremos lo menos posible, solo en momentos en que ya no pueda soportar más el cansancio.
-Por el camino común, llegar al monasterio nos tomaría siete días.
-Sí, los caminos comunes tienden a ser más largos, pero llegaremos al monasterio en cuatro días atravesando el que escogí, sino tenemos inconvenientes. Solo debemos tomar un desvío. Le pediré, Su Majestad, que solo lleve lo necesario para el viaje, y que lleve ropa para cabalgar y cómoda. Los Sarai se han encargado de llevar provisiones, así que su dama no se tiene que preocupar por eso. Espero que solo la dama Alora sea la única que le acompañe, y no tenga necesidad de otros sirvientes, -comentó Senín en forma de advertencia.
En el rostro de Dinorah se dibujo una media sonrisa, y le miró fijo a los ojos, sus cejas arqueadas. No sabía si el Bńelekoh Tekuh trataba de intimidarla o hacerle ver su autoridad en esta misión, como un augurio de que no toleraría cambios a sus planes y que su seguridad estaba en sus manos, por tal razón le debía obediencia. Tal vez, ella debía tener precaución con él. Era de esperarse que actuara de esa manera, pues era un líder de hombres y ella también lo era. Lo que la llevaba a la conclusión, de que durante el viaje tendrían muchos roces.















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