Alexandra Roman's Mink

Capítulo 5

Para aliviar cualquier intercalo, decidió ser civil y no imponer su autoridad sobre ese quien era su sirviente. Al fin al cabo, su vida estaba en sus manos y ella debía ser humilde y agradecida. Así que, contestó con suavidad a Senín:

-No tendré necesidad de más sirvientes, solo serán un disturbio para nosotros. Sobre mis atuendos, me encargo yo, Senín, sé lo que me conviene utilizar cuando debo cabalgar largas distancias. No crea por un instante que solo dependo de mi carroza, pues se montar a caballo sí es eso lo que le preocupa.

Senín solo asintió con su cabeza, y le agradeció a la princesa que comprendiera la situación. La media hora que continuaron juntos, Senín se la pasó explicándole a Dinorah donde debería estar ubicada siempre durante toda la trayectoria hacia la capital. Le pidió siempre se mantuviera en el centro del régimen, para que fuera protegida en todo momento por los Sarai. Le explicó, además, que enviaría hombres a adelantarse para asegurar que el camino estaba seguro; que tomarían siestas de aproximadamente dos horas y que sus alimentos los tomarían mientras cabalgaban.

A todo esto y otras muchas cosas más que él explicó, Dinorah escuchaba en silencio, mirando de vez en cuando a Alora, quien, luego de componerse les hizo compañía para estar al tanto de los planes, atendía con suma curiosidad. Ninguna de ellas estaba acostumbrada a tal régimen, pero había que hacerlo si debía salvar su vida y el futuro de su reino. No le preocupaba el montar a caballo, algo a lo que estaba acostumbrada, ya que solo utilizaba su carroza en viajes largos. Su preocupación estaba basada en  la falta de descanso a la que su cuerpo estaría sometido, y cómo esta le afectaría corporal y mentalmente. La fatiga podría permitir que aquello dentro de ella encontrara fuerzas en su debilidad. Su inquietud no la reveló a Senín, de ser necesario el descanso, él no iba a oponerse, pero el sacrificio valdría la pena y la carga sería menos una vez el Unnfrid aceptara acompañarles. El Unnfrid debía ayudarla en su idilio; él la había preparado para eso y mucho más. Una cosa era el pensamiento lejano de un quizás, a la cruda realidad que la atormentaba. Si el dolor en su pecho se tornaba insoportable, estaba segura que a solas no iba a poder controlarlo, y que cedería con gran facilidad para que este dejara en paz su alma.

Al Senín terminar su larga explicación, Dinorah se dio cuenta que era la hora de oración, pues la estrella dorada estaba en su punto más alto. Interrumpiéndole, preguntó:

-¿Cuándo partimos?

-Esta noche, -contestó con seguridad.

-¡Esta noche no hay estrella plateada! –exclamó preocupada.

La exclamación tomó por sorpresa a Senín, quien contestó con la misma seguridad de antes:

-Mejor para nosotros, la oscuridad y las sombras de la noche nos servirán de resguardo.

De inmediato guardo silencio en espera de una oposición. Con su exclamación demostraba, en cierto sentido, temor de la oscuridad, algo que él debía tomar en consideración. Los hijos de la luz no le temen a las sombras, pero tal vez, en el caso de la princesa esto podía cambiar. Para Senín era importante que ella le comunicara cualquier preocupación que tuviera. Necesitaba estar al pendiente de ella, pero más aún conocer su estado emocional. Lo que se escondía dentro de ella era en sí de temer. Un pensamiento que trajo luz cruzo su mente y, por el momento, una pequeña serenidad. No era el temor a la oscuridad lo que debía preocuparle, sino la atracción a esta. Cuando esto ocurriese, entonces debería tomar acción de inmediato. Quizás el ir a solicitar la ayuda del Unnfrid no sería una mala idea. Sus conocimientos podían ser de gran ayuda a la princesa, y quizás su salvación.

El Bńelekoh Tekuh era un hombre de gran valentía, y la había demostrado en muchas ocasiones. Aunque sus encuentros violentos con los Oshmdwans, habían sido pocos, demostró en todas ellas que tiene el conocimiento para dirigir los soldados del rey y defender el reino de sus enemigos. No solo la victoria ha sido su recompensa, sino la paz que ganó para el reino. Por tal razón, el comentario impulsivo de Senín no le molestaba en lo absoluto a Dinorah, sino era de esperarse de él. Fue entonces, que dijo:

-Así será, me encargaré de dar mis últimas instrucciones aquí en palacio, para que nadie sospeche de mi inesperada salida.

-Asegúrese de que mantengan su bandera izada, al menos por una semana. Esto nos dará una ventaja, al menos en tiempo, -comentó interrumpiendo a Dinorah.

-Tomare su consejo, Senín. Ahora, me tendrá que disculpar, pero como ve es la hora de oración, y para mí cada momento de ella es necesaria. Alora, le escoltará de vuelta a las escaleras.

Senín, hizo un pequeña reverencia y se marchó junto con Alora. Antes de cerrar la puerta tras Senín, este le preguntó:

-Dama Alora, tengo que saber algo de suma importancia. Por lo que dijo la princesa, ustedes han sido preparadas para lo que quizás se acontecerá. La pregunta es, ¿está preparada para realizar el acto? Recuerde, que sería, usted, quien tomase la vida de la princesa y no será nada fácil.

Un corto silencio lleno el espacio entre ambos, pero la mirada de Alora se mantuvo serena y no dio indicaciones de temor alguno. Con seriedad, contestó a Senín:

-Aunque mi amor por Su Alteza es como el de una hermana, no se deje confundir que este se interpondrá en mi deber. Por algo fui escogida entre muchas. El tiempo que estuve Ëwärd, me enseñaron muchas cosas de las que, usted, quedaría sorprendido. No se deje engañar por mi apariencia, pues parte de mi educación fue prepararme para ese momento. Recuerde que el acto sería uno de benevolencia, y no uno de violencia y odio, -hizo una corta pausa y preguntó mirándole directamente a los ojos. -¿Esto contesta su pregunta, Bńelekoh?

Senín sonrió asintiendo con su cabeza, y dijo:

-Sí, dama Alora, -y enseguida se marchó.

Al llegar al edificio de los Sarai, mando a llamar a Nart y le pidió devuelta el mapa para realizar los cambios. Luego de hacerlo, le pidió a Berengüer que reuniera en el salón comedor a los Sarai, para darles las instrucciones para el viaje. Así lo hizo Berengüer, y en eso de media hora todos los Sarai esperaban impacientes por el Bńelekoh.

El salón comedor no era muy grande, pero estaba repleto de mesas largas y asientos. Algunos de los Sarai estaban sentados, y otros se mantenían en pie, todos a la espera del Bńelekoh Tekuh. Vestían sus uniformes de cabalgar que consistía en pantalones largos que se perdían dentro de una bota de cuero, que llegaba justo bajo la rodilla chapada en metal por la parte frontal para resguardar la pantorrilla; su torso estaba cubierto por una brigantina marrón de cuello alto, dentro de esta, llevaban una camisa de mangas largas color azul claro con embrocados en oro; por encima de su brigantina utilizaban una chaqueta de cuero chapada en ambos antebrazos, que llegaba a la cadera y estaba ceñida a la cintura por un cinturón donde se hallaba la vaina, en cuero y decorada con elegantes motivos en metal, donde descansaban sus espadas. Algunos de los Sarai eran arqueros y gustaban de llevar su espada en sus espaldas. Las chaquetas que utilizaban tenían en la parte superior izquierda el emblema de la casa de Itana, que consistía en la estrella dorada irradiando rayos y rodeado por una corona.

Los Sarai conversaban entre sí, pero al escuchar la puerta abrirse todos tornaron sus rostros hacía ella y callaron de inmediato. El primero en entrar fue su capitán Berengüer, detrás del, Nart, y, por último, Senín. Todos se pusieron en pie al ver a su capitán entrar, e irguieron sus cuerpos. Berengüer les dio una señal para que tomarán asiento, lo que hicieron rápidamente. Entonces, sin decir palabra alguna, el capitán de los Sarai dio varios pasos hacia atrás para que Senín tomara la palabra.

Este camino hacia el frente unos pasos, y miro seriamente a todos por igual, estudiándoles. Luego de varios segundos de silencio, finalmente dijo:

-Se habrán preguntado desde que me vieron llegar, cuál es la razón de mi visita. No se imaginen que sea una cordial. Sepan, ustedes, que su señora está en peligro, y como heredera al trono es mi deber protegerla cuando ella pida de mi ayuda. Por tal, estoy aquí, y tomo mando de sus soldados, los Sarai. Es mi deber y responsabilidad llevar a la princesa a Karmiérz, y con su ayuda lo lograré.

Hizo una pausa y continúo:

-Espero de ustedes, nada menos que el mismo desempeño que el de los Tekuh Richari, pues han recibido igual entrenamiento. Así que, no deseo escuchar queja alguna, sino obediencia. Sobre nuestra misión, les informó saldremos un poco antes de la media noche por el túnel, y nuestra ruta la mantendré en secreto, para la seguridad de Su Alteza, y será revelada a ustedes en su debido tiempo. Debemos llegar lo antes posible a Karmiérz, así que nuestra misión dependerá mucho de nosotros. No será fácil ya que estaremos en movimiento la mayor parte del camino, y será muy poco el tiempo de descanso. Les pido se preparen mentalmente para una misión ardua y difícil, que tal vez realicemos sin ningún inconveniente. Por el momento, esto es todo lo que tenía que decirles, y recuerden que en nuestras manos está la protección de la princesa, y su seguridad depende de nuestra capacidad de estar alertas, a cada momento, de lo que ocurre a nuestro alrededor.

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